domingo, 11 de julio de 2010

2 Almas Perdidas y Mi Ingenuidad

Una señora está a punto de suicidarse; ya tiene ubicada la silla y colgada la soga cuando un ladrón enmascarado entra a la casa y le pide la ubicación de las joyas y el dinero. A esto, ella le responde con voz quebrada:

- Yo no tengo nada que darte, nada de valor. Soy sólo una pobre mujer solitaria, que ya no tiene ni ganas de vivir; perdí a mi esposo en un accidente, mi hijo se ha olvidado de mí y no tengo amigos; a decir verdad, si hubieras llegado unos minutos después no tendría ni mi vida para ofrecerte. Por favor, toma lo que quieres y vete, para poder terminar lo que empecé.

El hombre ve la silla y la soga y posteriormente se quita la máscara; era un hombre joven pero lo increíble era que se le habían humedecido los ojos. Éste le responde:

- Mis padres me abandonaron a mí y a mi hermana cuando éramos niños, y a ella la asesinaron cuando ambos teníamos 14 años y nunca nadie me ha apoyado; sé lo que es estar en su situación pero la vida me enseñó que hay que seguir adelante. Yo he vivido en las calles toda mi vida y robo para sobrevivir. A pesar de lo que hago, nunca he matado ni dañado a nadie físicamente pues esa no es mi intención; sólo tomo lo necesario para subsistir. Ahora, si hay algo que si puedo hacer bien es ofrecerle mi amistad a alguien que ha pasado por lo mismo que yo.

Desde ese día estas dos personas se convirtieron en grandes amigos; se hacían compañía diariamente y se nutrían a sí mismos: la señora le enseñó al joven el valor del trabajo honesto, por lo que dejó de robar y empezó a trabajar. Por su lado, el hombre le enseñó a sobrellevar la pena de sus pérdidas y a disfrutar de nuevo la vida. Tanta fue la comprensión y la alegría que se proporcionaban, que la señora vivió muchos largos y felices años, y el hombre se convirtió en una persona honesta y respetable, formó una nueva familia y fue feliz hasta el día que murió.

Hoy yo reflexiono: un experto diría que esa señora era una persona con problemas psicológicos o que estaba traumatizada, y el sistema de leyes dirían que ese hombre es un delincuente. A pesar de que parte de mi mente racional está de acuerdo con eso, ésta no para de estudiar la idea de que ellos no eran más que almas perdidas que por suerte o cosa del destino, se cruzaron en la vida y lograron encaminarse ayudándose mutuamente en calidad de amigos. Sé muy bien que la vida está llena de injusticias y accidentes, y que es algo con lo que hay que lidiar; pero también creo que si la bondad, el respeto, la amistad, el amor y los lazos entre personas abundaran y se fortalecieran, la vida sería mucho mejor.

Ésta es una historia que yo inventé; es sencilla y escasa de detallas porque sólo quería señalar un único y simple punto de vista: sé que es algo ingenuo de mi parte, pero me gustaría que al menos a una persona que esté a punto de suicidarse le entre a la casa un ladrón como el de mi historia. Lo que en realidad trato de decir es que todos podemos llevar felicidad a la vida de un triste, rescatar a un naufrago de la vida o enseñarle de nuevo el camino a un perdido, de formas que ni nos imaginamos; recuerden el dicho: “muchas veces algo negativo se puede transformar luego en algo positivo”. Una buena forma de empezar es simplemente tratando diariamente de poner una sonrisa en la cara de alguien; creo que sería estupendo que todos lo intentáramos.

Dedicado a Mariana Moreno, que sin querer me enseñó que esto no es ingenuidad, sino esperanza.

Alex HR

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